27.9.05

OPINIÓN: Colecciones sobre la Guerra Civil

Un "no coleccionable" de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie
Editor Bufón

Habréis observado, como buenos teleadictos, la cantidad de "promociones de quiosco" que se lanzan en septiembre sobre la Guerra Civil Española. El principal es el coleccionable de "El Mundo", pero a la vez RBA o Planeta Agostini también se han sumado a esta moda iniciada con el reciente éxito de algunos historiadores de corte revisionista.


Con la Transición parecieron cerrarse las últimas heridas de la guerra y, lentamente, las calles cambiaron de nombre y las estatuas y símbolos desaparecieron poco a poco de edificios públicos y plazas. Es lógico que al adoptar nuevo escudo, sea retirado el franquista de las sedes de los organismos oficiales. También se acepta que muchos grandes españoles, contrarios ideológicamente a los triunfadores en la contienda, consigan por fin su hueco en nuestra historia: en los libros de texto, en los callejeros, con la revisión de su vida y obra. Hay que reconocer los aciertos de políticos de todos los signos al llevar a cabo esta retirada del aparataje franquista sin estridencias ni rencores. Además, la historia escrita en la memoria colectiva como una cruzada contra rojos y masones, dejó paso a una glorificación paulatina de la opción republicana. Pero, pasados muchos años desde la transición política, algunos han ido desenterrando de nuevo los muertos y han devuelto a la actualidad el mito de las "dos Españas".


La derecha fue estigmatizada cuando el socialismo fue perdiendo fuerza, a principios de los noventa. Es lamentable que un partido totalmente democrático como el PP haya sido continuamente atacado como "heredero" del franquismo y que se haya utilizado electoralmente la "amenaza" del regreso del fascismo para hacer mella en el ánimo de la población. Asimismo, la cultura española se ha recreado patéticamente en historias de la guerra con intención ideologizadora, siempre marcando distancias morales entre la razón republicana y la sinrazón nacional. Este argumento de una derecha golpista y antidemocrática ha sido repetido hasta la saciedad por la izquierda, hasta llegar al punto de vaciar de un sano y moderado patriotismo a la población española. La enseña rojigualda o el himno nacional están desterrados de nuestra vida como motivos "fachas" y poco recomendables. El auge de los nacionalismos periféricos está también estrechamente relacionado con este lento proceso de pérdida de identidad nacional y cesión constante ante el complejo causado por el centralismo franquista.

Las últimas acciones desafortunadas del gobierno de Zapatero, como la retirada de la estatua de Franco en la Plaza San Juan de la Cruz (frente a nuestra Escuela) terminaron de sacar a la calle un oleada de revisionismo histórico de la intelectualidad de derechas, con César Vidal o Pío Moa como principales exponentes. Se han basado principalmente en fijar el comienzo de la guerra en la revolución de Asturias (1934) y en sacar a la luz los desmanes republicanos al otro lado de la línea de combate.


La nueva moda tiene que terminar, ya no queremos más Guerra Civil ni acusaciones vacías entre unos y otros por lo que hicieron sus abuelos hace más de sesenta años. Fue el fruto de las torpezas de una clase política radicalizada, de una sociedad inmadura salida de siglos de monarquía más o menos absoluta e incapaz de regirse en democracia. Unos y otros ya habían mostrado años antes su poco respeto a las reglas del juego y su espera de la menor oportunidad para tomar el poder por la fuerza.


Los militares se sublevaron contra el gobierno legítimo por razones que no vamos a entrar a valorar y la guerra fue una terrible agonía de tres años, llena de represión y crueldad sin límites por ambos bandos. No queremos saber quién fue peor ni se comportó más indignamente, ya una lucha entre hermanos es lo bastante inhumana para establecer distinciones. No hagáis colecciones de ningún tipo, no léais más que la historia rigurosa de las enciclopedias y dejad las interpretaciones a los nuevos guerracivilistas del siglo XXI. Se acabaron la izquierda y la derecha, la República y el Alzamiento, pasemos página de una vez por todas.

12.9.05

Miedo a la oscuridad
Editor Bufón

El lunes, 11 de septiembre, se cumplió año y medio del mayor atentado terrorista de la historia de este país. Sin embargo, a pesar del tiempo que ha transcurrido y de los numerosos frentes de investigación que se han abierto, cada día parecemos más lejos de conocer la verdad. El trabajo policial se estancó rápidamente tras las "detenciones relámpago" de los días inmediatamente posteriores a la tragedia. Los detenidos acerca de los cuales informó balbuceante el ministro Acebes están en libertad y tan sólo parecen tener una ligerísima relación con una trama intrincada y repleta de ocultaciones. Tras la voladura del piso de Leganés, con la muerte del GEO y de los siete terroristas allí reunidos, se da paso a la instrucción judicial y a la triste comisión de investigación parlamentaria.

Nadie en su sano juicio podía confiar en que una comisión ideada con el único propósito de exprimir políticamente los errores del gobierno del PP, llegara a buen puerto. Con el paso de los responsables policiales y políticos, se evidenciaron las posiciones: los socialistas se ciñeron a la acusación del "engaño masivo" y trataron de tapar revelaciones inesperadas mientras los nacionalistas se lanzaron alegremente a descuartizar a un PP que, herido y en estado de "shock", insistía febrilmente en la conexión etarra y continuaba (continúa) sin asimilar la inesperada pérdida del poder. El circo vergonzoso en que se transformó la comisión sí permitió al menos vislumbrar algunas certezas, como la "estanqueidad" entre los distintos órganos policiales, las negligencias operativas cometidas en el control de los confidentes o la manipulación de informes y pruebas cometida por agentes de alto rango.

Por su parte, el juez Del Olmo ha recabado una enorme cantidad de información que no ha hecho sino complicar el rompecabezas, con un gran número de testimonios, informes policiales y pruebas que se contradicen y no encajan en absoluto con la versión oficial del atentado. El juez no ha sido capaz de poner orden en todo este embrollo y de fabricar un hilo coherente de acontecimientos que permita reconstruir con alguna credibilidad lo que ocurrió en esos fatídicos meses. Ante el bloqueo de la instrucción sumarial, el periodismo de investigación se ha abierto paso entre la información y ha tratado de ofrecer a sus lectores una verdad vedada por la torpeza de los poderes públicos. Y lo que hemos sabido es sobrecogedor.
Los periodistas que han investigado pertenecen principalmente a "El Mundo" y a otros medios de orientación conservadora como la COPE o Libertad Digital. A pesar de que en su labor podamos entender una cierta intención de dañar políticamente la credibilidad del gobierno y de buscar conexiones incómodas en la planificación de los atentados, hay que reconocer la seriedad y rigor al no plantear conclusiones precipitadas. De momento, los periodistas han buceado en el material de trabajo del juez y han señalado en sus medios de comunicación las lagunas, contradicciones o implicaciones hasta ahora inadvertidas. Sería imposible resumir aquí algunas de las sorprendentes revelaciones, no desmentidas por la policía o el juzgado, que enturbian el atentado hasta límites insospechados. Sabremos mucho más aunque puede que nunca toda la verdad, ya que una enorme cantidad de suposiciones y sospechas podrán ser intuidas pero nunca demostradas. En todo caso, si que recomiendo la lectura de la mayor parte de información posible sobre estas indagaciones periodísticas porque aunque no clarifiquen los hechos si que desmienten totalmente la simplicidad que planteaba la tesis de unos islamistas de poca monta abducidos por la red mundial de Al Qaeda y organizadores autónomos de un atentado de esta envergadura.

La historia del 11-M se complica con la aparición de los confidentes policiales, ya sea de la Guardia Civil o de la Policía Nacional. Aparecen teléfonos pinchados, advertencias de los "protegidos" a los agentes sobre la organización del atentado, extrañas relaciones personales entre altos mandos policiales y algunas piezas de la trama asturiana de los explosivos. Además de una negligencia generalizada, surgen falsificaciones de informes y ocultación de testimonios, hechos extremadamente graves en agentes del orden. Y, para colmo de males, el dato más terrible de los conocidos: el policía nacional Kalahi vendió a los terroristas los móviles que activaron las bombas. Y, según un informe del propio cuerpo, era el único capacitado para montar el sistema de detonación de los explosivos. El agente Kalahi permanece de baja por depresión, sin que un juez desbordado por los acontecimientos haya sido capaz siquiera de citarle a declarar. Del Olmo se ha limitado a amenazar al diario "El Mundo" por realizar un trabajo, la búsqueda de la verdad, en el que él no está cumpliendo con nuestras expectativas.

Mientras, la vida continúa y el país vive ajeno a la putrefacción que emana de las cloacas de sus cuerpos de seguridad. En vez de permanecer en vilo, asustados ante cada nueva sospecha fundada sobre las buenas intenciones de nuestros policías, asistimos hastiados y sin sorpresa a la silenciosa dilución de una espantosa masacre en las aguas del olvido. Sin embargo, yo no consigo conciliar el sueño sin saber qué oscuro propósito dio a luz un siniestro plan para asesinar a 191 personas y cambiar el panorama político del país. Entre mis pesadillas no surge la sinrazón de la Yihad sino la mano más cercana de gente en la que confiamos cada día nuestra protección y nuestra vida. Y sé que no soy el único que se resiste a saber porque tiene miedo de encontrarse con una verdad que jamás querría haber conocido, la de la oscuridad de un ataque del Estado contra el propio Estado.

11-M. Queremos saber.

Direcciones de consulta:
-Los enigmas del 11-M-por Luis del Pino (Libertad Digital): http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_26479.html
-Los agujeros negros del 11-M- por Fernando Múgica (El Mundo), 1º capítulo de las 17 entregas:
http://www.elmundo.es/elmundo/2004/04/19/enespecial/1082356558.html

7.9.05

OPINIÓN: Fusión energética

La energía es el poder
Editor Bufón

La economía, a pesar de ser quizá la parte de la política que más directamente interese a los ciudadanos, suele ser la gran desconocida. Aparte de algunas cifras macroeconómicas, como las variaciones de precios (IPC) y la tasa de paro, el mundo de las bolsas, las OPAS o las cotizaciones bursátiles queda fuera del alcance del común de los mortales. Tan sólo un efecto inmediato y directo sobre su bolsillo puede llevarle a posar su atención sobre una operación empresarial y el caso que hoy nos ocupa puede tener importantes repercusiones en la vida cotidiana de los españoles.

Gas Natural ha lanzado una OPA (Oferta Pública de Acciones) sobre el 100% del capital de la primera eléctrica española, Endesa. El nuevo grupo se convertiría en el tercer consorcio energético mundial y llevaría al mercado español a una concentración sin precedentes. En principio, no parece muy favorable para el consumidor el aumento del poder de mercado de una empresa y menos en un sector tan sujeto a vaivenes y a un futuro incierto como es el sector energético. Se debería estudiar si este proceso no va contra la inicial privatización y posterior diversificación de la oferta seguida hasta ahora en el modelo económico europeo. La noticia fue anunciada el lunes por el ministro de Industria, José Montilla, defensor público ya en anteriores ocasiones de la formación de un grupo sólido que controle en España el mercado de la energía y que pueda competir fuera de nuestras fronteras con posibilidades de expansión. Ya debemos adelantar lo inadecuado que resulta que el poder público actúe como "instigador" de concentraciones económicas y asuma el papel de la "mano invisible" del mercado. Además, este papel resulta todavía más desafortunado si se examina la vertiente política del asunto.
La Caixa es el principal accionista de Gas Natural y figura como empresa impulsora de la OPA, estando al mando efectivo de La Caixa la Generalitat catalana. Miremos por dónde miremos, en esta historia tenemos siempre al poder público y, concretamente, al PSC catalán, posiblemente implicado en una maniobra de enorme calado y con efectos directos sobre todo el país. De momento, Endesa ha anunciado hoy, después de reunirse su consejo de administración, que considera la OPA hostil y que el precio ofrecido por Gas Natural es muy inferior al que estiman razonable. El PP ha pedido rápidamente la comparecencia de los ministros de Industria y Economía y en la mayor parte de los medios de comunicación han dado la voz de alarma ante lo que consideran un "golpe de mano" político y estratégico del tripartito catalán. Los medios afines al Gobierno y el propio ejecutivo han asegurado que no habrá efecto alguno sobre el consumidor y han defendido la operación.

En principio, cabe recomendar prudencia y, hasta que no se demuestren vínculos de poderes públicos en la OPA, mantener una actitud vigilante que vele por los intereses de los accionistas y de los consumidores españoles. Mientras se aclara del todo el resultado de este colosal movimiento financiero, debemos hacer notar lo sospechosa que está resultando la gestión del ministro de Industria. Los continuos favores a la comunidad catalana pueden terminar por hastiar al resto del país, ya cansado del egoísmo con el que le está tratando la clase política de esa región. Esperemos que no sea éste un paso más en la lenta confrontación nacional que se está impulsando desde los sectores más radicales del gobierno catalán.

6.9.05

OPINIÓN: Reunión Zapatero-Rajoy

La escalinata
Editor Bufón

Ayer se reunieron en La Moncloa el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Cada partido había tratado de vendernos sus objetivos previos ante la cita: el PP anunció que ofrecería "grandes pactos de estado" al gobierno, con el fin de llegar a acuerdos puntuales que garantizaran la estabilidad parlamentaria socialista. Mientras, el PSOE trataba de mostrar una imagen de diálogo y predisposición al debate que está siendo el santo y seña de la política de Zapatero. Creo que todos tenemos claro que se trata tan sólo de un juego mediático, que entre los dos partidos no existe nada que discutir y que sus posiciones están fijadas ya a largo plazo.

El PP pretendía ofrecer un "paquete" de pactos que sabía que Zapatero no iba a aceptar y éste a su vez estaba dispuesto a poner buena cara pero a rechazar los acuerdos antes de conocerlos. Por desgracia, no nos han sorprendido y se han mantenido cada uno en su estrategia: los populares quieren mostrar que Zapatero prefiere gobernar junto a los separatistas, es decir, que no es preso de los desmanes de sus socios por el bien de la estabilidad parlamentaria sino porque prefiere su compañía a la de la derecha. Mientras, el presidente insiste en su lenta labor de aislamiento impuesto a los populares en todo el país, llevándoles a la necesidad imperiosa de una mayoría absoluta en cualquier administración para poder gobernar. Es lógico que rechace las proposiciones de Rajoy por dos razones claras y que tienen una cierta relación entre sí.Por una parte no debe ceder la iniciativa política a la derecha para no parecer "necesitado" de su auxilio y, a la vez, no reconocer con una peligrosa marcha atrás que ha equivocado sus compañeros de viaje. Además, tiene "hipotecado" el resto de sus políticas de gobierno en acuerdos nunca publicitados con sus socios de gobierno.

Nos acercamos al ecuador de la legislatura y las posiciones ya parecen invariables de aquí al final de la misma. El PP se ha escorado hacia la derecha, enquistado en su voto tradicional, esperando, a través de una oposición áspera y dura, que la impericia del gobierno vaya cavando su propia fosa en las próximas elecciones. Así ha sucedido este verano, cuando diversas catástrofes naturales o humanas han desgastado al gobierno, eligiendo los populares la opción de acudir en bandada ante el olor de la sangre fresca. Este Zapatero herido cada vez tiene menos que ofrecer y la confusión que han generado sus innovaciones políticas (reformas estatutarias, búsqueda de una solución negociada al terrorismo etarra) parecen haberle metido en varios callejones sin salida que pueden lastrarle durante el resto de su mandato. Sin embargo, los populares vuelven a equivocarse con un discurso catastrofista y yendo "a remolque" de los errores del gobierno. Las malas políticas sólo comienzan a notarse en la vida de los ciudadanos con el paso de los años y los socialistas pueden llegar a las elecciones sin percances serios en la economía ni en el caótico mapa autonómico. Por eso, a día de hoy e imaginando una continuidad lógica de los acontecimientos, Zapatero seguirá al menos cuatro años más en La Moncloa. Otra legislatura sonriendo, con la mano tendida, en lo alto de la escalinata.

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