6.9.05

OPINIÓN: Reunión Zapatero-Rajoy

La escalinata
Editor Bufón

Ayer se reunieron en La Moncloa el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Cada partido había tratado de vendernos sus objetivos previos ante la cita: el PP anunció que ofrecería "grandes pactos de estado" al gobierno, con el fin de llegar a acuerdos puntuales que garantizaran la estabilidad parlamentaria socialista. Mientras, el PSOE trataba de mostrar una imagen de diálogo y predisposición al debate que está siendo el santo y seña de la política de Zapatero. Creo que todos tenemos claro que se trata tan sólo de un juego mediático, que entre los dos partidos no existe nada que discutir y que sus posiciones están fijadas ya a largo plazo.

El PP pretendía ofrecer un "paquete" de pactos que sabía que Zapatero no iba a aceptar y éste a su vez estaba dispuesto a poner buena cara pero a rechazar los acuerdos antes de conocerlos. Por desgracia, no nos han sorprendido y se han mantenido cada uno en su estrategia: los populares quieren mostrar que Zapatero prefiere gobernar junto a los separatistas, es decir, que no es preso de los desmanes de sus socios por el bien de la estabilidad parlamentaria sino porque prefiere su compañía a la de la derecha. Mientras, el presidente insiste en su lenta labor de aislamiento impuesto a los populares en todo el país, llevándoles a la necesidad imperiosa de una mayoría absoluta en cualquier administración para poder gobernar. Es lógico que rechace las proposiciones de Rajoy por dos razones claras y que tienen una cierta relación entre sí.Por una parte no debe ceder la iniciativa política a la derecha para no parecer "necesitado" de su auxilio y, a la vez, no reconocer con una peligrosa marcha atrás que ha equivocado sus compañeros de viaje. Además, tiene "hipotecado" el resto de sus políticas de gobierno en acuerdos nunca publicitados con sus socios de gobierno.

Nos acercamos al ecuador de la legislatura y las posiciones ya parecen invariables de aquí al final de la misma. El PP se ha escorado hacia la derecha, enquistado en su voto tradicional, esperando, a través de una oposición áspera y dura, que la impericia del gobierno vaya cavando su propia fosa en las próximas elecciones. Así ha sucedido este verano, cuando diversas catástrofes naturales o humanas han desgastado al gobierno, eligiendo los populares la opción de acudir en bandada ante el olor de la sangre fresca. Este Zapatero herido cada vez tiene menos que ofrecer y la confusión que han generado sus innovaciones políticas (reformas estatutarias, búsqueda de una solución negociada al terrorismo etarra) parecen haberle metido en varios callejones sin salida que pueden lastrarle durante el resto de su mandato. Sin embargo, los populares vuelven a equivocarse con un discurso catastrofista y yendo "a remolque" de los errores del gobierno. Las malas políticas sólo comienzan a notarse en la vida de los ciudadanos con el paso de los años y los socialistas pueden llegar a las elecciones sin percances serios en la economía ni en el caótico mapa autonómico. Por eso, a día de hoy e imaginando una continuidad lógica de los acontecimientos, Zapatero seguirá al menos cuatro años más en La Moncloa. Otra legislatura sonriendo, con la mano tendida, en lo alto de la escalinata.

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