12.9.05
Miedo a la oscuridad
Editor Bufón
El lunes, 11 de septiembre, se cumplió año y medio del mayor atentado terrorista de la historia de este país. Sin embargo, a pesar del tiempo que ha transcurrido y de los numerosos frentes de investigación que se han abierto, cada día parecemos más lejos de conocer la verdad. El trabajo policial se estancó rápidamente tras las "detenciones relámpago" de los días inmediatamente posteriores a la tragedia. Los detenidos acerca de los cuales informó balbuceante el ministro Acebes están en libertad y tan sólo parecen tener una ligerísima relación con una trama intrincada y repleta de ocultaciones. Tras la voladura del piso de Leganés, con la muerte del GEO y de los siete terroristas allí reunidos, se da paso a la instrucción judicial y a la triste comisión de investigación parlamentaria.
Nadie en su sano juicio podía confiar en que una comisión ideada con el único propósito de exprimir políticamente los errores del gobierno del PP, llegara a buen puerto. Con el paso de los responsables policiales y políticos, se evidenciaron las posiciones: los socialistas se ciñeron a la acusación del "engaño masivo" y trataron de tapar revelaciones inesperadas mientras los nacionalistas se lanzaron alegremente a descuartizar a un PP que, herido y en estado de "shock", insistía febrilmente en la conexión etarra y continuaba (continúa) sin asimilar la inesperada pérdida del poder. El circo vergonzoso en que se transformó la comisión sí permitió al menos vislumbrar algunas certezas, como la "estanqueidad" entre los distintos órganos policiales, las negligencias operativas cometidas en el control de los confidentes o la manipulación de informes y pruebas cometida por agentes de alto rango.
Por su parte, el juez Del Olmo ha recabado una enorme cantidad de información que no ha hecho sino complicar el rompecabezas, con un gran número de testimonios, informes policiales y pruebas que se contradicen y no encajan en absoluto con la versión oficial del atentado. El juez no ha sido capaz de poner orden en todo este embrollo y de fabricar un hilo coherente de acontecimientos que permita reconstruir con alguna credibilidad lo que ocurrió en esos fatídicos meses. Ante el bloqueo de la instrucción sumarial, el periodismo de investigación se ha abierto paso entre la información y ha tratado de ofrecer a sus lectores una verdad vedada por la torpeza de los poderes públicos. Y lo que hemos sabido es sobrecogedor.
Los periodistas que han investigado pertenecen principalmente a "El Mundo" y a otros medios de orientación conservadora como la COPE o Libertad Digital. A pesar de que en su labor podamos entender una cierta intención de dañar políticamente la credibilidad del gobierno y de buscar conexiones incómodas en la planificación de los atentados, hay que reconocer la seriedad y rigor al no plantear conclusiones precipitadas. De momento, los periodistas han buceado en el material de trabajo del juez y han señalado en sus medios de comunicación las lagunas, contradicciones o implicaciones hasta ahora inadvertidas. Sería imposible resumir aquí algunas de las sorprendentes revelaciones, no desmentidas por la policía o el juzgado, que enturbian el atentado hasta límites insospechados. Sabremos mucho más aunque puede que nunca toda la verdad, ya que una enorme cantidad de suposiciones y sospechas podrán ser intuidas pero nunca demostradas. En todo caso, si que recomiendo la lectura de la mayor parte de información posible sobre estas indagaciones periodísticas porque aunque no clarifiquen los hechos si que desmienten totalmente la simplicidad que planteaba la tesis de unos islamistas de poca monta abducidos por la red mundial de Al Qaeda y organizadores autónomos de un atentado de esta envergadura.
La historia del 11-M se complica con la aparición de los confidentes policiales, ya sea de la Guardia Civil o de la Policía Nacional. Aparecen teléfonos pinchados, advertencias de los "protegidos" a los agentes sobre la organización del atentado, extrañas relaciones personales entre altos mandos policiales y algunas piezas de la trama asturiana de los explosivos. Además de una negligencia generalizada, surgen falsificaciones de informes y ocultación de testimonios, hechos extremadamente graves en agentes del orden. Y, para colmo de males, el dato más terrible de los conocidos: el policía nacional Kalahi vendió a los terroristas los móviles que activaron las bombas. Y, según un informe del propio cuerpo, era el único capacitado para montar el sistema de detonación de los explosivos. El agente Kalahi permanece de baja por depresión, sin que un juez desbordado por los acontecimientos haya sido capaz siquiera de citarle a declarar. Del Olmo se ha limitado a amenazar al diario "El Mundo" por realizar un trabajo, la búsqueda de la verdad, en el que él no está cumpliendo con nuestras expectativas.
Mientras, la vida continúa y el país vive ajeno a la putrefacción que emana de las cloacas de sus cuerpos de seguridad. En vez de permanecer en vilo, asustados ante cada nueva sospecha fundada sobre las buenas intenciones de nuestros policías, asistimos hastiados y sin sorpresa a la silenciosa dilución de una espantosa masacre en las aguas del olvido. Sin embargo, yo no consigo conciliar el sueño sin saber qué oscuro propósito dio a luz un siniestro plan para asesinar a 191 personas y cambiar el panorama político del país. Entre mis pesadillas no surge la sinrazón de la Yihad sino la mano más cercana de gente en la que confiamos cada día nuestra protección y nuestra vida. Y sé que no soy el único que se resiste a saber porque tiene miedo de encontrarse con una verdad que jamás querría haber conocido, la de la oscuridad de un ataque del Estado contra el propio Estado.
11-M. Queremos saber.
Direcciones de consulta:
-Los enigmas del 11-M-por Luis del Pino (Libertad Digital): http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_26479.html
-Los agujeros negros del 11-M- por Fernando Múgica (El Mundo), 1º capítulo de las 17 entregas:
http://www.elmundo.es/elmundo/2004/04/19/enespecial/1082356558.html