30.11.05

EDITORIAL: José Montilla


MONTILLA, ESE ÁRBITRO


José Montilla Aguilera (1955), natural de Iznájar (Córdoba), se trasladó con 16 años a la localidad catalana de Sant Joan Despí. Cursó formación profesional e inició estudios universitarios (un año en Derecho y dos en Económicas, aunque sólo aprobó algunas asignaturas). Con 25 años entró en política local en el PSC, como concejal de Hacienda de su Ayuntamiento de residencia. Más tarde, dio el salto al consistorio de Cornellá de Llobregat, siendo alcalde de 1985 a 2004. Desde 2000 es secretario general del PSC.

En 2004, Zapatero le dio la cartera de Industria y Energía. Un ministerio polémico que ya salpicó a Josep Piqué (caso Ercros) por las dificultades que tiene tomar decisiones entre partes en litigio con las que se tiene/ha tenido relaciones profesionales. Y Montilla comenzó a repartir televisiones y emisoras sin rubor ninguno, ganándose peligrosos enemigos como el director de "El Mundo", Pedro J. Ramírez, apartado con Veo TV de la televisión digital (sólo una licencia). Tampoco tuvo empacho en permitir que "la Cuatro" emitiera en abierto o en incumplir la sentencia contra el grupo PRISA por la toma de control de Antena 3 Radio a finales de los ochenta.

Hasta ese momento, Montilla era un ministro sectario y profundamente parcial, pero íbamos a saber mucho más sobre él. Tras impulsar la OPA de Gas Natural (controlado por "La Caixa") sobre Endesa, Montilla se convertía en el blanco preferido del gobierno. Esos medios de comunicación a los que había declarado la guerra desvelaron datos escalofriantes: "La Caixa" perdonaba una deuda de 6,3 millones de € al PSC hace sólo unos años, siendo Montilla consejero de la caja de ahorros y arbitrando ahora él una OPA en la que estaba implicada. El ministro no tenía argumentos para contrarrestar esa verdad, así que decidió ir por el camino de la descalificación al hablar de "la caverna mediática" en la que estaban la COPE y "el director de un diario con pretensiones planetarias" en referencia a "El Mundo", que había destapado el caso.

Imaginen que el árbitro de un encuentro se dedica a insultar a algunos jugadores, que el banco que es dueño de un equipo le ha perdonado una deuda y que lejos de anunciar que se inhibe del arbitraje, ese señor de negro pita un penalty a favor de su ángel de la guarda bancario. Según el gobierno, no hay amenaza alguna sobre el juego limpio cuando el árbitro manifiesta sus preferencias de forma tan clara y además está untado por una parte en litigio. Además, resulta que este árbitro bajo seria sospecha coloca un "estudios en Economía y Derecho" en su currículum oficial, inclinado a intentar propagar la mentira hasta sobre su propia vida.

Este señor de Córdoba tan catalanista no me inspira confianza ni a mí ni a nadie pero si además anuncia que no se inhibirá en las decisiones dudosas, debo afirmar que el árbitro del partido tiene demasiado que esconder. Y si el Gobierno, esa junta suprema de árbitros garantes de la imparcialidad, le cubre, esa mancha pecaminosa de culpa se extiende hasta el mismo presidente. Imaginen por un instante esta inmensa montaña de corrupción en un gobierno del PP, imaginen el rechinar de dientes inmenso de la oposición socialista y la sociedad española. Parece que, por ser socialista, sólo sus enemigos políticos parecen preocupados.
La última hazaña de este personaje ha sido criticar el acto convocado por el PP en la Puerta del Sol para el próximo 3 de diciembre en favor de la Constitución. Calificó de «absolutamente vergonzoso que el PP quiera erosionar al Gobierno y también a su presidente enfrentando comunidades, atizando el anticatalanismo, demonizando el Estatut y convocando manifestaciones que recuerdan las concentraciones que se convocaban en la Plaza de Oriente». Si compara una defensa de la Constitución que le ha colocado como ministro con la defensa de una dictadura feroz, no anda muy desencaminado. La suya es la dictadura del sectarismo y la corrupción.

Sea cual sea el credo político del ciudadano, no le debe quedar más que escandalizarse ante esta arbitrariedad extrema del juez sorprendido en connivencia con el acusado. Y sólo debe mirar hacia otro lado aquél al que va a beneficiar la cara dura del socialismo corrupto que vuelve a por sus fueros.

Montilla, ese árbitro, no tiene vergüenza. Dimisión ya, bachiller.
LINKS: "Es legítimo, sin embargo, preguntarse si no sería prudente que el titular de Industria se inhibiera cuando el Consejo de Ministros se pronuncie sobre la OPA de Gas Natural, controlada por La Caixa, para eliminar cualquier sospecha de favoritismo". http://www.elpais.es/articulo/elpporopi/20051130elpepiopi_2/Tes/barra/hielo

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