30.11.05
EDITORIAL: José Montilla

En 2004, Zapatero le dio la cartera de Industria y Energía. Un ministerio polémico que ya salpicó a Josep Piqué (caso Ercros) por las dificultades que tiene tomar decisiones entre partes en litigio con las que se tiene/ha tenido relaciones profesionales. Y Montilla comenzó a repartir televisiones y emisoras sin rubor ninguno, ganándose peligrosos enemigos como el director de "El Mundo", Pedro J. Ramírez, apartado con Veo TV de la televisión digital (sólo una licencia). Tampoco tuvo empacho en permitir que "la Cuatro" emitiera en abierto o en incumplir la sentencia contra el grupo PRISA por la toma de control de Antena 3 Radio a finales de los ochenta.
Hasta ese momento, Montilla era un ministro sectario y profundamente parcial, pero íbamos a saber mucho más sobre él. Tras impulsar la OPA de Gas Natural (controlado por "La Caixa") sobre Endesa, Montilla se convertía en el blanco preferido del gobierno. Esos medios de comunicación a los que había declarado la guerra desvelaron datos escalofriantes: "La Caixa" perdonaba una deuda de 6,3 millones de € al PSC hace sólo unos años, siendo Montilla consejero de la caja de ahorros y arbitrando ahora él una OPA en la que estaba implicada. El ministro no tenía argumentos para contrarrestar esa verdad, así que decidió ir por el camino de la descalificación al hablar de "la caverna mediática" en la que estaban la COPE y "el director de un diario con pretensiones planetarias" en referencia a "El Mundo", que había destapado el caso.
Este señor de Córdoba tan catalanista no me inspira confianza ni a mí ni a nadie pero si además anuncia que no se inhibirá en las decisiones dudosas, debo afirmar que el árbitro del partido tiene demasiado que esconder. Y si el Gobierno, esa junta suprema de árbitros garantes de la imparcialidad, le cubre, esa mancha pecaminosa de culpa se extiende hasta el mismo presidente. Imaginen por un instante esta inmensa montaña de corrupción en un gobierno del PP, imaginen el rechinar de dientes inmenso de la oposición socialista y la sociedad española. Parece que, por ser socialista, sólo sus enemigos políticos parecen preocupados.
Sea cual sea el credo político del ciudadano, no le debe quedar más que escandalizarse ante esta arbitrariedad extrema del juez sorprendido en connivencia con el acusado. Y sólo debe mirar hacia otro lado aquél al que va a beneficiar la cara dura del socialismo corrupto que vuelve a por sus fueros.
Montilla, ese árbitro, no tiene vergüenza. Dimisión ya, bachiller.