18.12.05
EDITORIAL: Inseguridad ciudadana

La ausencia de un modelo de convivencia
El jueves a las cuatro de la tarde, un honrado ciudadano español fue brutalmente golpeado por unos individuos de origen eslavo en el Barrio del Pilar. El delito de este hombre fue pasar por delante de ellos cuando destrozaban un coche aparcado en plena calle. Afortunadamente, otro buen madrileño que pasaba por el lugar le recogió en coche a mitad de la paliza, pudiendo escapar con la mandíbula rota pero consciente y sin lesiones internas. La patrulla de la Policía Municipal que encontraron a unos cientos de metros se limitó a aconsejarles la denuncia manifestando su desinterés por el caso.
Este estremecedor relato pone sobre la mesa un gravísimo problema que sólo parece preocuparnos cuando nos toca de cerca y, para entonces, en ocasiones no tiene ya remedio. Es muy bonito hablar de alianzas entre civilizaciones y de ayudas al Tercer Mundo pero es urgente solucionar el problema de la inmigración en nuestro país. Se han unido trabajadores honrados con lo peor de cada nación; en el caso de la Europa del Este han cruzado nuestra fronteras matones sin escrúpulos que, junto con otros grupos sudamericanos, forman unas fuertes organizaciones que hacen del crimen organizado el primer problema de seguridad en la capital.
Si a ello añadimos el fortísimo choque cultural causado por la entrada de inmigrantes musulmanes que se niegan a adaptar nuestras costumbres y normas sociales, el panorama es francamente desolador. Sólo se podrá resolver el problema cuando se admita su existencia y se pueda establecer un debate público sin mezclar el racismo con un caso de mera convivencia. Si dejamos pasar el tiempo sin adoptar posturas firmes y responsables en este sentido, el conflicto puede ser irresoluble en sus múltiples frentes ya descritos.
Cuando en la puerta de tu casa eres golpeado por unos maleantes sólo por presenciar sus fechorías delictivas, dejas de ser el hombre libre que promete las leyes que te amparan. Al ser humano se le plantea con más fuerza que nunca en este nuevo siglo uno de sus principales conflictos filosóficos y éticos: la dicotomía entre libertad y seguridad. En un mundo en el que la delincuencia y el terrorismo se han globalizado para no conocer las fronteras, muchos pueden caer en la tentación de abrazar a un nuevo Leviatán en oposición al entreguismo de muchos que confunden libertad con rendición. Y todo basado en el eterno contrasentido del hombre.
Homo homini lupus