23.1.06
EDITORIAL: Surrealismo nocturno

Surrealismo nocturno
Cuando la luz es un "milagro laico" que nunca llegará, cuando España duerme la noche del jueves o vive el largo insomnio del sábado, es sacudida desde las sombras. El archivo de Salamanca fue dividido de madrugada, con protección policial y cargando con carretillas los archivadores en anónimas furgonetas. A la mañana siguiente presenciamos la siniestra escena, impropia de un gobierno democrático que cumple la ley, cercana a las nocturnas iniquidades de las dictaduras. Cuando los papeles descansan en el Ministerio de Cultura, preparándose su traslado a Barcelona, la Justicia da un nuevo giro a la situación y ordena su inmovilización. Parecen los últimos coletazos del Estado de Derecho ante el inevitable advenimiento de su ocaso. A nadie importa dónde descanse un puñado de papeles de la Guerra Civil, lo preocupante es que el Gobierno de la Nación los utilice como moneda de cambio para pagar el apoyo parlamentario de un puñado de radicales que los exhibirán como un botín. Se transmite la impresión, tristemente real, de que se saquea el patrimonio para satisfacer las ambiciones personales de un peligroso visionario: José Luis Rodríguez Zapatero.
Asfixiado por unas inciertas encuestas que reflejan un mínimo desgaste, el presidente decide acelerar las negociaciones del Estatuto catalán. A tal fin se reúne en secreto seis horas con Arturo Mas (CiU) en la Moncloa para pactar una solución final. Conocemos el hecho cuando la reunión está finalizando y tememos lo peor cuando el dirigente nacionalista dice, con vocabulario maoísta, que "no se trata de un paso adelante, sino de un salto adelante" y que valdrá de momento pero que el objetivo es "alcanzar en el futuro el Estatut aprobado en el Parlament Catalán". Carod Rovira (ERC) huele la sangre fresca y se niega a aprobar el texto porque sabe perfectamente que puede sacar aún más tajada de Zapatero, que quiere aprobar ya el Estatuto que sea y a cualquier precio. No hay Congreso de los Diputados ni ruedas de prensa desde el Gobierno, reinan el secretismo vergonzante y la opacidad informativa. Suenan rumores sobre el término nación, patética discusión propia de las cavernas que a los españoles nos importa poco pero que los nacionalistas utilizarán para seguir engañando a las futuras generaciones mediante la manipulación de la Historia y las palabras. Sólo las filtraciones de los nacionalistas nos revelan algo de un texto malo, malísimo para España, que acelerará irremesiblemente su disgregación dando mayor libertad a unos socios desleales que, sembrando el miedo y la mentira durante más de veinte años, no merecen ni un ápice más de confianza.
El presidente que prometió transparencia y diálogo, escuchando siempre a la ciudadanía, ha tardado menos de dos años en erigirse en un conspirador amigo de las tinieblas. Sería gracioso ver la pantomima de las carretillas o la estupidez nacionalista del Estatuto, negociado en reuniones ultrasecretas, como la deriva senil y surrealista de un país bananero. Pero está prohibido reír porque todo ocurre en España, donde no se permite trabajar por el bien de los ciudadanos, sino que se impone ocultarles la realidad y sembrar entre ellos la desconfianza y la crispación. Cuántas energías pierde este país discutiendo tanta porquería nauseabunda, resultado de la bajeza de unos pocos que traerá la ruina de muchos. Para Rubalcaba, el Estatuto "pretende ser un nuevo modelo para España". Con vuestro concepto de España, solar a recalificar para construir adosados, podemos echarnos a temblar.
Pacto de CiU con el gobierno: http://www.elmundo.es/elmundo/