18.2.06

ANÁLISIS INTERNACIONAL: Palestina


Hamás ensombrece el futuro
Analista Bufón

Con la caída del Muro de Berlín, el mundo pareció iniciar una especie de pacífico letargo tras superar la constante tensión entre el bloque capitalista y el comunista. Pero había comenzado a forjarse una década antes el germen del mal del siglo XXI: el yihadismo musulmán.


Con el derrocamiento del Sha de Persia y el establecimiento de una dictadura clerical chií en Irán, se comenzaron a observar las consecuencias que este tipo de movimientos radicales pueden tener al llegar al poder. El uso de Estados Unidos de los combatientes islámicos o muyahidines en Afganistán para frenar a la URSS puso en segundo ingrediente del cóctel: la internacionalización del problema. Irán, Libia, Siria y otros estados "semiterroristas" comenzaron a financiar a movimientos armados en cualquier rincón del planeta. Así se conseguían desestabilizar zonas estratégicas, especialmente Oriente Próximo, eternizando el conflicto entre Israel y el pueblo palestino. Ese es el origen de la guerrilla pro-iraní Hizbulá en el Líbano o de Hamás en los territorios palestinos.

Los suníes, mayoría en el mundo islámico, carecen (a diferencia de los chiíes) de una jerarquía religiosa de referencia, lo que ha hecho posible que radicales de todo pelaje se hayan erigido en mulás e impartan su doctrina a su comunidad de fieles. Los palestinos son casi en su totalidad suníes y, dirigidos en el exilio por la OLP (organización terrorista dirigida por Arafat), han extremado sus posturas religiosas desde los Acuerdos de Oslo de 1992. La Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha estado controlada desde ese año por Al Fatah, el grupo político formado por Arafat y su generación. La incapacidad de la ANP para satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos ha degenerado en un distanciamiento enorme, especialmente con aquellas nuevas generaciones nacidas en esos territorios de Gaza o Cisjordania ocupados por Israel. La ANP, obligada a justificar la violencia y a la vez sentarse a negociar con Israel, ha incurrido en incontables casos de corrupción y se ha mantenido en el poder en la última legislatura gracias a un escandaloso fraude electoral.

Hamás ha llegado donde la ANP era impotente: ha tejido una espectacular red de ayuda que ha permitido trabajo, educación o sanidad a miles de palestinos. A la vez, ha atentado con extrema crudeza contra objetivos israelíes y ha aumentado su popularidad gracias a una feroz resistencia armada que ha terminado con enfrentarla a Al-Fatah. Las imágenes de hace unos meses, con una tanqueta de la ANP entrando en un barrio controlado por Hamás para aplacar unos disturbios y, unas horas después, saliendo incendiada y con milicianos a bordo festejando su captura, evidenciaron el derrumbe de la herencia de Arafat. Palestina era en los últimos informes internacionales el "Estado frágil" con más posibilidades de caer en el caos y la anarquía. Cuando el Estado es incapaz de sostenerse como tal, el triunfo de opciones como Hamás es lógico.

Estas últimas elecciones dieron un resultado sorprendente, porque ni el fraude ni el clientelismo de Al-Fatah bastaron para detener el arrollador trabajo de Hamás en el puerta a puerta, en el trato directo con unos palestinos asfixiados por el paro y la pobreza y fácilmente manipulables desde el punto de vista ideológico. Si otros países como Egipto, Marruecos o Arabia Saudí no han seguido ya el mismo camino es por la fortaleza de unos regímenes tiránicos que tienen fecha de caducidad. La elección de Ismail Haniya, la cara más amable de Hamás, no encubre la realidad del sinsentido: una organización terrorista gobierna la ANP. Arafat y sus acólitos tampoco eran otra cosa, pero al menos habían admitido el derecho de Israel a existir.

El optimismo de muchos analistas, que creen que el poder moderará a Hamás, no creo que sea adecuado. La estrategia marcada está clara: rostros comprensivos y humanos en la esfera internacional pero la realidad de una lucha terrorista encarnizada con los nuevos instrumentos que les dará el control del Estado. La disyuntiva de EEUU o la UE está clara: asfixiar económicamente a la ANP o tratar de moderar a Hamás con diálogo y buenas intenciones. Rusia se ha desmarcado y ha invitado ya a Haniya y compañía a visitar Moscú, mostrando la intención de reconocer a Hamás como interlocutor legítimo en el estancado proceso de paz. Israel, conmocionado por la grave enfermedad que ha apartado definitivamente a Sharon de la política, votará probablemente a Kadima ("Adelante", partido fundado hace unos meses por el propio Sharon) el próximo 20 de marzo: una línea intermedia entre el radicalismo judío del Likud y el concesionismo de unos desaparecidos laboristas (Peres, su eterno candidato perdedor, ha pasado al bando de Kadima). Los próximos meses serán decisivos para observar los primeros gestos del Gobierno Palestino y la estrategia elegida en la comunidad internacional.


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