7.2.06

EDITORIAL: La estrategia del PP


Apocalípticos integrales

Cuando hace un año el Plan Ibarretxe llegó a las Cortes, el Partido Popular comenzó un discurso catastrofista que se deshizo cuando el texto fue rechazado en votación y devuelto a la Cámara de Vitoria. El progresivo aislamiento al que ha sido sometido por el resto de partidos se ha agudizado durante el proceso de elaboración del Estatuto catalán: participó con matices en la ponencia en Cataluña y desapareció de la tramitación parlamentaria en el Congreso de los Diputados. La siniestra estrategia de exclusión iniciada por los firmantes del Pacto del Tinell, que prohibía a sus signatarios aliarse con los populares en cualquier administración de España, ha dado lentamente sus frutos con la inestimable colaboración de sus propias víctimas.
Tras la gran remodelación emprendida por Aznar, que convirtió la complicada tribu de la derecha española en un partido sólido con ciertos tintes de pensamiento único, la pérdida de las elecciones del 14-M lo vuelve a convertir en una jaula de grillos. Se vuelven a defender posiciones diferentes en cada autonomía y la ausencia de liderazgo o una clara línea de acción política genera antagonismos inaceptables. Piqué ha sido quizá el más coherente: defendió en Cataluña propuestas de financiación similares a las pactadas posteriormente entre CiU y el Gobierno. Públicamente señaló virtudes del acuerdo, lo que llevó a la inmediata desautorización de Acebes. Rajoy asistió impávido a los equívocos y respaldó a ambos de forma incomprensible, aunque en círculos próximos a Génova se asegura que los días de Piqué están contados y se aguarda a una ocasión más propicia para relevarle.
El caso del Estatuto valenciano es otro ejemplo de incoherencia, pues Camps ha pactado con José Ignacio Pla, líder socialista en esa comunidad, un difícil compendio de máximos que pone muy alto el techo competencial. Las disputas de Camps, presidente regional, con Zaplana por el control del partido provocan una situación complicada: Rajoy respalda la reforma estatutaria en Valencia mientras ésta contradice de manera evidente el mensaje nacional lanzado por los populares. Mientras, Esperanza Aguirre hace la guerra por su cuenta en Madrid y, tras triturar a Cobo (títere de Gallardón) en la lucha por la presidencia regional, se confirma como una seria amenaza a la maltrecha autoridad de Rajoy. Algunas declaraciones públicas de la presidenta madrileña ya han marcado distancias y transmiten la clara impresión de preparar un inmediato futuro político a nivel nacional.
El mensaje del Partido Popular, por catastrofista y abstracto, termina por aburrir hasta a sus propios votantes y no se transmite en acciones políticas útiles. La misma melodía machacona de caos y destrucción, declamada por individuos de tan poca talla política como Ángel Acebes, genera con los días la impresión de que efectivamente no ocurre nada peligroso en España, tan sólo que los populares exageran. Recrearse en sus incondicionales nunca les confirmará como una alternativa seria y mucho menos manteniendo la imagen de personajes tan desgastados como los portavoces del gobierno de Aznar durante los funestos días posteriores al 11-M.
La guinda del desgobierno la pone la última iniciativa, que consiste en organizar un referéndum nacional con la siguiente pregunta: "¿Considera conveniente que España siga siendo una única Nación en la que todos sus ciudadanos sean iguales en derechos, obligaciones, así como en el acceso a las prestaciones públicas ?" Amparándose en el artículo 92 de la Constitución, algún brillante cerebro ha ideado una campaña de recogida de firmas para que el Presidente del Gobierno convoque amablemente la consulta.
Es imposible que se recojan más de 2 o 3 millones de firmas, aún más complicado que Zapatero acceda a celebrar el referéndum y todavía más utópico hacer uso alguno del resultado del mismo. No es sencillo encontrar algún sentido a este nuevo giro de timón de Rajoy, contagiado del oportunismo político de Zapatero que consiste en salir al paso de la actualidad sin calibrar las consecuencias de cada movimiento. Prisionero en una casa de locos, Rajoy no explica a los españoles los verdaderos inconvenientes del Estatuto ni les habla de los problemas reales que les interesan. En lugar de quebrar la huida hacia adelante de Zapatero, le hace el juego entrando en el terreno quimérico de la Constitución, el consenso, el espíritu de la Transición y demás basura demagógica tan a la moda. La política ficción del referéndum es un lamentable acto reflejo ante el inesperado pacto de Zapatero con Mas, dejando al aire las vergüenzas de un Partido Popular desarbolado y sin rumbo. Qué difícil será votar dentro de dos años.

Comments:
Mi foto es clara muestra de mi locuacidad.
 
Estoy más o menos de acuerdo en los errores del PP. Está claro que no están haciendo una buena oposición, a veces pecan de irresponsables, otras de exagerados, con lo que cuando ocurre algo realmente grave no hay diferencia, y sobre todo, no parecen llegar al pueblo. No obstante, mejor no hablar de la otra parte, es decir, no veo las dificultades a la hora de votar...yo lo veo muy claro.
 
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