2.5.06
ANÁLISIS INTERNACIONAL: La Alianza de Civilizaciones
La Alianza de Civilizaciones ha recibido duras críticas desde su lanzamiento por José Luis Rodríguez Zapatero en septiembre de 2004. Aunque muchos de esos ataques han sido hechos sin demasiado fundamento, por lo que es de especial interés comprobar cómo el Real Instituto Elcano, patronato de estudios internacionales pseudo dependiente del Estado, incluye en sus boletines un análisis riguroso que rechaza la iniciativa del Gobierno español con argumentos como mínimo interesantes.¿ALIANZA DE CIVILIZACIONES O "ALIANZA DE LOS CIVILIZADOS"? (ARI)
ARI Nº 41/2006 (Traducción del inglés) -- Análisis
Shaun Riordan ( 20/4/2006 )
[...] El problema es que tampoco es obvio que la Alianza de Civilizaciones sirva para algo en este contexto. Presenta problemas tanto teóricos como prácticos que incluso podrían empeorar el clima internacional. En el plano teórico, hablar de una alianza civilizaciones supone de entrada admitir la tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones. Un ministro de Exteriores árabe comentó en una ocasión que la tesis de Huntington era absurda, pero que la podríamos convertir en una realidad. Una manera de hacerlo sería precisamente lanzar un proyecto internacional basado en el reconocimiento de la existencia de un problema entre civilizaciones. Esto otorga credibilidad a los miserables argumentos de Osama bin Laden sobre el enfrentamiento inevitable entre el islam y Occidente. Al hablar de civilizaciones, se pone el énfasis en los valores y en las diferencias entre los valores de una "civilización" y otra, de manera tal que solo se puede llegar al conflicto, a la imposición de unos valores sobre otros o al relativismo ético.
Dada la obsesión con el terrorismo, y la reciente crisis de las caricaturas danesas, la Alianza de Civilizaciones inevitablemente se ha convertido en una solución del conflicto entre Occidente y el islam, con la implicación de son dos civilizaciones diferentes. De hecho, en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2004, Zapatero dijo explícitamente: "… quiero proponer ante esta asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán". La implicación que los mundos occidental y musulmán representan dos civilizaciones es, históricamente, más que cuestionable. Aparte del hecho de que, en términos islámicos, tanto cristianos como judíos y los propios musulmanes son todos "pueblos del libro", la historia compartida de intercambios culturales y científicos continuos y el común monoteísmo –que ha condicionado el desarrollo intelectual y ético tanto de Occidente como del islam– dan más la impresión que se trata más bien de una sola civilización sometida a un conflicto interno. Así parecería a un chino o a un hindú, o a cualquier representante de una civilización verdaderamente diferente. Es más, ¿que sugiere una alianza de civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe al resto del mundo? ¿Como reaccionarán a su exclusión de dicha alianza los que no son ni occidentales ni musulmanes pero que, sin embargo, representan la mitad de la población mundial y sin cuya colaboración será imposible la resolución de los problemas globales mencionados anteriormente?
[...] El problema fundamental de la Alianza de Civilizaciones es consecuencia de una mala interpretación de la propia naturaleza de la cuestión. Lejos de un choque, o problema, entre civilizaciones, la verdadera cuestión es el choque o conflicto dentro de una civilización; es decir, el conflicto entre el secularismo liberal y el fundamentalismo religioso, sea cristiano, islámico o judío. Aunque la forma de estos conflictos, y el nivel de violencia pueden variar entre las diferentes religiones, los fundamentos estructurales son iguales. El secularismo que se pensaba que le había ganado la partida a la superchería religiosa en el siglo XX se encuentra, al inicio del siglo XXI, sometido a un ataque en toda regla. El fundamentalista cristiano que intenta reintroducir el "creacionismo" en los colegios americanos tiene más en común con un mulá iraní que con el presidente del Gobierno español cuando hizo su propuesta en la ONU. Los choques o conflictos entre civilizaciones tampoco explican por qué cuatro jóvenes británicos decidieron suicidarse en el transporte público londinense matando a 50 de sus conciudadanos. En todas las sociedades tanto occidentales como musulmanas se viene experimentando un rechazo –por una proporción importante de la población– de la modernidad y, especialmente, la modernidad globalizada, en combinación con una sensación de cinismo respecto a la política tradicional y, para algunos, con un sentimiento de impotencia ante lo que se considera como pax americana. La consecuencia son diversas formas de resistencia asimétrica, sean manifestaciones del movimiento anti-globalización, terrorismo islámico o el retorno a interpretaciones literales de las religiones monoteístas. Pero estos son fenómenos generalizados que tienen más que ver con reacciones a la globalización, y sus consecuencias políticas, económicas y sociales, que con diferencias o conflictos entre civilizaciones. Por citar un ejemplo, llama la atención que tanto en EEUU como en Gran Bretaña algunos jóvenes, especialmente varones, muestran su rechazo a la modernidad mediante su conversión al islam. Es éste el tipo de fenómeno que debe explicarse y entenderse.
No es solo que el concepto de una alianza de civilizaciones presenta problemas teóricos, sino que también entraña graves riesgos prácticos. En cierta medida estos riesgos prácticos son la materialización de los problemas teóricos. Así, la Alianza corre el riesgo de convertirse en una especie de tertulia internacional en la que los "expertos" intercambian discursos interminables sobre las diferencias entre civilizaciones y sus valores. No es solo que con esto no se consigue nada, sino que se corre el riesgo adicional de enfatizar las diferencias entre las civilizaciones y sus valores en vez de centrarse en lo que tienen en común. Ya se han visto las consecuencias de este enfoque en la reunión de Doha de febrero de este año sobre las caricaturas danesas. Como hemos señalado, si nos centramos solamente en los valores, la discusión solo puede conducir al conflicto o al relativismo ético. Así ocurrió en Doha. Tanto el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, como el Sr. PESC, Javier Solana, en lugar de defender vigorosamente el derecho a la libre expresión, se disculparon ante la comunidad islámica y dieron a entender que dicho derecho no era absoluto Aunque sea obvio, por muchas razones (véase el ejemplo de Voltaire: "No estoy de acuerdo con lo que dice pero, sin embargo, defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo"), que esto es inaceptable, es una consecuencia casi inevitable del hecho de que la Alianza de Civilizaciones se enfoque hacia los valores como problema. [...]
Shaun Riordan
Ex diplomático británico y director de ZEIA SL
Artículo completo en http://www.realinstitutoelcano.org/analisis/955.asp